domingo, 27 de marzo de 2016

Monólogo del hombre absurdo.

Sepa usted que...

A quien acosa la curiosidad,
también lo han de acosar las dudas,
y a las duras o a las maduras,
tendrá que aprender a atreverse a caminar.
Dejar atrás comodidad,
adentrarse en la penumbra
de lo que no conoce
darse golpes,
acostumbrarse a sufrir
lo fácil es acostumbrarse al goce.
Yo aún no lo hice,
sigo estancado en perderme
en medio de placeres
y rehuír los destrozos.
Me pregunto si será
porque me dí algunos batacazos
demasiado pronto.
Lo de digerir se va haciendo mejor con los años
y antaño,
era un crío primero extrovertido,
luego dolido y huraño
por el daño
que había sufrido.
¿Cuántas veces se ha repetido
ya este ciclo?
Retirarse,
renunciar a la lucha
porque nada merece la pena,
o esa es la sensación
que a mi juicio se proyecta,
sobre la mirada a un pasado
que no hay adjetivo apropiado
que pueda definirlo a estas alturas.
Loco por entenderme.
Motivo y consecuencia a un tiempo.
A cada paso que conozco de mí,
que devoro ansioso por asimilar,
mi cordura se disipa un poco más.
Es inútil a veces buscarme explicación.
Tengo 26 años
ni oficio ni beneficio,
y me pregunto si esto es lo que querría mi yo,
ya no de 9 o de 10,
si no de 16 años.
Hace 10 años...
¿cómo habría reaccionado a mi yo actual?
¿Sería tal,
que podría darme una palmada en la espalda?
Preguntas y respuestas largas.
Hoy no me apetece pensar ni contestar
a dudas tan atrasadas.

Un beso a la noche,
que es mi más fiel compañera,
y yo su escritor fantoche.
Hedonista y sin cheque...
Qué derroche.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Entre dos mundos.

Me muevo entre la luz y la oscuridad,
el amor y el odio,
mundos separados por una cascada
de agua que refleja
lo que a cada lado separa.
Un loco de dos caras,
la buena y la mala,
la social y la amargada,
¿cual quieres conocer?
te invito a romper mi mala racha.
Hasta los huevos de las ratas,
de la incultura que nos mata,
quise alzarme hasta el sol,
pero Ícaro no me presto sus alas.
No me he alzado alto,
todo se ve distinto desde abajo,
cuando la sociedad te aplasta
y no eres más que un criajo.
Cansado de los tajos,
puñaladas traperas de los falsos,
de ser tan bueno que tonto
y meter siempre la pata.
Soy sincero y eso cansa,
como a un dealer las transas,
a la gente no le gusta
la gente que es honrada,
para nada.
Mucha boquilla y pocas plazas
tomadas por la democracia
tomarse una caña los viernes,
no va discutido con la lucha proletaria.
Manifas que dan gracia,
pidiendo piedad a una oligocracia,
el capital no entiende
de niños que no tienen casa.
¿Te unes o que pasa?
Se afilan las guadañas.
Empresarios en el banquete
que es mirarnos pa la cara.
Ellos ya no ven almas,
tan solo dinero fácil,
piden calma,
no nos toman por tontos, pero casi.
Es easy,
ve tranqui,
yo te quito la cartera,
ahora bien, tu no te enfades.
Cuando veo perroflautas,
diciendo medias verdades,
que no cogerían un fusil
para defender sus prioridades...
me cago en sus medias verdades
me cago en el ser respetable,
sea en el parlamento
o caminando por la calle.
Yo tengo odio de clase
hacia los empresarios y su desfase,
cocaína comprada
con el sudor de niños que hacen
zapatillas en el congo
en el vietnam, en china,
en bangladesh, como lo ves?
Te llega el sueldo a final de mes?
A Esperanza Aguirre tampoco,
es que es más pobre de lo que crees,
hace malabarismos para poder
tener caviar todos los meses.
Cazatalentos de lunes a jueves,
condesa todos los viernes,
durante el fin de semana,
risa maléfica ante lo que se cierne.
Y mientras yo aquí...
intentando recuperar mi fe
que la he perdido por la gente,
por la vida, por callar y decir "okay".
Por la puta face,
por todos aquellos que creéis,
porque creer está sobrevalorado,
yo solo quiero que no inventéis.
El infierno conspira a mis pies,
llevarse mi alma y darme vejez,
pero mi rabia no se la lleva nadie,
orgullo de ser yo, conmigo no podéis.

martes, 19 de enero de 2016

There's no happy ending

Mi psique está fragmentada. Tengo dentro un monstruo negro, de odio, de rabia, que quiere consumir el mundo y a mí mismo.

He pasado mucha mierda en esta vida. Una de las cosas fundamentales que aprendí es que no debo de llamar la atención. Y sin embargo, fracaso constantemente. Mis excentricidades, mis peculiares gustos, mi actitud extraña... Dios, esto está acabando conmigo. No quiero pedirle ayuda a nadie. No quiero ser el centro de atención, ni quiero que la gente se preocupe por mí. Joder, solo quiero ser normal. Normal, como el vecino que pasea a su perro y hace footing y está tranquilo. Pero yo soy jodidamente incapaz.

Tengo un río de pensamientos corriendo por mi cabeza, mil imagenes al galope que se suceden una detrás de otra. Mi cabeza es permanente cambio. No hay nada fijo.

Dentro de mí, tengo el caos.

No se por qué es. Quizá parte sea por el TDAH. Pero hay otra gente con mi problema que es capaz de controlarse. Quizá debería volver a medicarme, pero medicarme me pone nervioso. Además, me vuelve plano. Silencia ese caos que hay dentro de mí, y me siento vacío.

No se si es solo en el TDAH. Sufrí bullying en la eso. Nunca fui popular. Nunca destaqué en nada. En un mundo en el que el destacar en algo es lo que importa, yo me siento completamente inútil. Fracaso en todo lo que intento. No tengo ningún logro, nada por lo que vaya a ser recordado, ni nada de lo que enorgullecerme. Me da la sensación de que sobro. Esa es la palabra. En este mundo yo sobro. Preocupo a mis colegas, a mi familia... Y ni siquiera vivo una vida plena. Ni siquiera tengo una vida que me satisfaga. Es como si hubiese perdido las ganas de vivir. Vivo por defecto, por inercia, encerrado en una rutina eterna, en una vida a la que no se cómo encontrarle finalidad, en una torre de cristal.

Creo que necesito irme lejos. Necesito luchar por la supervivencia, de alguna forma. Marcharme lejos de aquí y no volver hasta dentro de mucho tiempo.

Me estoy volviendo loco. Soy el protagonista de una película que no tiene final feliz.

lunes, 18 de enero de 2016

El mito de las balsas

El individuo, en su existencia, es un náufrago en una balsa. Navegamos por el enorme océano que es la nada, en una oscuridad permanente, provistos de un farolillo que nos permite ver que tenemos delante, y ser vistos por otros. A lo lejos, vemos otras balsas, con sus farolillos, que navegan tan solitarias como la nuestra.
A veces, en un breve lapso de tiempo, alcanzamos la felicidad, tierra firme. Solo para ser exiliados a la nada de nuevo, al poco tiempo.
Algunas personas viajan solas en su balsa. Otras meten en ella gente, alguna ayuda a remar, y otra mira. Alguna gente mete en su balsa más gente de la que puede llevar, y se hunde. Han de nadar a tierra firme, que a veces está lejos, demasiado como para alcanzarla. Si no son rescatados se ahogan.
Imaginaos la variedad de escenas que se pueden dar en una balsa en medio de la nada. Todas ellas tienen reflejo en nuestras vidas.
Yo navego en una balsa para uno. Es pequeñita, tiene dos remos, un farol, y también algo de cuerda que cogí en el último puerto. Para poder echarle un cabo a los náufragos sin subirlos a mi balsa. Además de pequeña, es una barca humilde. No esperen encontrarse una barca de competición, suntuosa y con su vela para navegar con la fuerza del viento. Navego con mis brazos, y suficiente hago con mover la balsa, que tras alguna que otra tempestad, tiene algo más que la pintura desconchada. Pero se mantiene en pie y puedo seguir navegando. Es lo que importa.
Tiempo ha, conocí a alguien a quien quise subir a mi balsa. Vi su balsa, bien arreglada, no demasiado lujosa, pero en mejores condiciones que la mía. No obstante, navegaba más segura, pero más despacio. Consideré que si juntábamos la fuerza de mis brazos y la de su ingenio, conseguiríamos viajar más rápido en el eterno devenir entre puerto y puerto.
Se negó a mi proposición, y yo, que ya me había creado expectativas de tener una balsa más segura, repartirnos los turnos de remo y volar de puerto en puerto, con amena compañía, hube de volverme a mi balsa, mugrienta y roída, pero mía, mientras ella daba cabida en su balsa a otra persona.
No obstante, esta sensación de inseguridad, soledad y desasosiego, me acompañó largo tiempo. Así que empecé a buscar más gente con una barca bonita. Con una barca mejor que la mía. Alguien que me llevase de puerto en puerto.
El problema es que había perdido la ilusión por remar. Desque viera la flamante barca y su pasajera, desque viera su farolillo, alumbrar como ningún otro, desque conociera a la joven del barco, amable y complaciente, pero siempre justa, no hube de querer en mi fuero interno, otra barca, ni otra acompañante.
Al principio no supe darme cuenta de esto. Decía que pensé que sería a causa de la barca, y busqué una barca parecida. La encontré, me subí, no remé. Me acabé sintiendo incómodo en aquella balsa, y acabé tirándome al agua, de nuevo hacia mi propia balsa, más pequeña y sucia, pero más cómoda, y en mi salto casi hago caer a la persona de la balsa. Pensé sin duda, que era entonces a causa de la persona que iba dentro. Busqué un náufrago parecido a aquella mujer que estuviese buscando una balsa para viajar. Lo encontré. Se subió. No remó. Nos cogió la tormenta y naufragamos.
Hube de suponer entonces, que la causa era la mujer EN la balsa. En conjunto. Ambas cosas eran lo que me había cautivado. De nuevo partí remando en busca de una balsa parecida con una mujer parecida dentro. Ni si quiera la encontré. Vi algunas barcas a lo lejos, pero a medida que me acercaba, sabedor de mis anteriores experiencias, ni balsa ni ocupante ejercían ya el hipnótico poder de aquella primera balsa, que en realidad no fuera la primera, pero sí la mas cómoda que conociera nunca. Volví a cruzarme a la joven de la balsa varias veces, y navegó varias veces a mi lado, pero en su balsa, con otra persona con la que no remaba del todo sincronizada.
Yo, por mi parte, vagué mucho tiempo buscando balsas como aquella con su ocupante de cabellos de fuego, como por inercia. Dejé también por inercia que algun que otra naufraga se subiera a mi barca. Nunca nada de eso funcionó. A veces hube de tirarme de la balsa, otras se tiraron las otras personas, y eventualmente, encontré personas que aceptaron subirse a mi balsa o viceversa, durante un ratito de tiempo antes de volverse cada uno a la suya, solo para, durante un ratito, disfrutar de un rato ameno.
Pero yo seguía queriendo subirme a la balsa de alguien. Renegaba de la mía y de su farolillo, que pobremente iluminaba el espacio alrededor. De hecho, seguía aún codiciando aquella balsa y su ocupante.
Tras largo tiempo buscando balsa y acompañante, y cada vez rebajando más algunos criterios de selección, hube de percatarme que quizá la joven no me había impactado por la barca, ni por su compañía. Que quizá su farolillo no brillase tanto como recordaba. Quizá solo brillase tanto porque me había encontrado con ella aún mojado, tras un naufragio en medio de una gran tempestad.
Y decidí dejar de codiciar a la chica y a su balsa. Me costó lo suyo. Como la fábula de la zorra y las uvas, muchas veces hube de repetirme que las uvas estaban verdes, que su farol no alumbraba tanto, ni era su barca tan segura, ni ella tan buena acompañante. Nunca sabré a ciencia cierta cuanto me engaño.
Finalmente renuncié a su balsa. A la suya, y a la de todos. Renuncié también a la compañía en mi balsa, en la que me gusta estirar los pies, y a veces sentir, el agua, la nada, debajo de mi.
Finalmente miré qué me quedaba. Solo me quedaba mi barca. Pobre, zozobrante e insegura, pero mía, en la que solo yo navego hacia el rumbo que quiero, y en la que llevo soga para tirársela a algún que otro náufrago. Me quedan mis remos, mis viajes de puerto en puerto. Es cierto, se navega más lento solo, en una barca pequeña, zozobrante y con una sola persona remando. Tardaré más en llegar a puerto. Pero prefiero viajar de puerto en puerto que de barca en barca. Tomé mis remos, y avancé hacia la negrura espesa delante de mi.
AVISO PARA NÁUFRAGOS Y NAVEGANTES. Qué consiento que haga la gente con mi barca y qué no.
Consiento que te subas un ratito, pero no para quedarte. Si quieres que te lleve a puerto, agarrate al cabo que te tiro.
Si a pesar de eso, insistes en subir a mi barca y que rememos juntos, ten en cuenta una cosa. Es MI barca. No NUESTRA barca, si no MI barca. Mis reglas. Se rema a mi ritmo y hacia el puerto que yo quiero. Si te parece que estoy perdido, no te subas. Y no tengo intención de que te quedes. Y yo no me voy a montar en tu barca, tenlo claro.
Subirte a mi barca, en el dudoso caso de que lo haga, es algo provisional. En el próximo puerto te bajas, o te sueltas del cabo, y te consigues tu barca. Si no consigues una antes de ser devuelto de nuevo al mar, no es mi problema. Así afoghes. Moito fixen trouxéndote a terra sen pedir nada a cambio.
No insistas en hacernos con una balsa juntos. NO ME INTERESA. No digo que no vaya a ser bonito, ni te digo que vaya a ser así siempre, pero no me interesa.
En el dudoso caso de que accediese a compartir finalmente balsa contigo, ten en cuenta una cosa. Primero, va a tener que ser una balsa de de dos para que estemos cómodos. Segundo, tengo mucho cariño a mi barca, me ha servido fielmente durante muchls años. No me pidas que la destroce. A lo sumo quedará aparcada para cuando nuestros caminos se separen, si se separan. Y es probable que de vez en cuando quiera cogerla e irme solo de paseo. Solo por la nostalgia de estar solo. Después de tanto tiempo remando sin compañía, compartir balsa con alguien y hacer esfuerzos por coordinarse con esa persona, puede ser más fatigoso que remar solo. Sobre todo al principio. Me voy a dar muchos paseos en mi barca al principio.
Ultimo aviso pero no por ello menos importante. Hay mucha gente que tiene por afición chocar con las barcas de los demás por diversión. No con mi gente o con mis náufragos. Antes de chocar contra ellos, piensa que en la barca tengo dos remos. Remos que puedo usar como, o tallar de ellos, un bokken. Es más, mi bokken viene conmigo en la balsa, además de los remos. No se me da mal usarlo, y en el caso de que uno de los dos se tenga que ir al fondo del mar, no entra dentro de mis previsiones. Por favor. Pórtate y no sufrirás daño alguno.
Y hasta aquí el mito de la balsa. Tengan los remos preparados, si tienen vela, cázenla hasta capturar el el través, y sigan navegando, de un puerto a otro, en busca de la felicidad.

martes, 22 de diciembre de 2015

Estafadores

¡Hijos de puta!
Traigo un mensaje para vosotros!
Esta mierda va dedicada a todos los cabrones que estafan,
que juegan con los sueños de la población,
que hacen castillos en el aire
con las ilusiones de la gente.
¡Hijos de puta!

¡En honor de la gente honrada de la calle!
¡Estamos con vosotros!

¡VA!

¡España!, menudo país
lleno de cabrones,
que piensan en llenarse los bolsillos
con ilusiones;
con emociones sinceras.
Si me veis cambiaros de acera,
porque sois repugnantes,
y antes que pudrirme por dentro
os reviento los dientes.
¡No lo siento!
Tengo odio e intento
no sucumbir de momento
al impulso, ¡brusco!
de buscaros espada en mano
¡uno a uno!
Asumo,
que alguien no tiene la conciencia tranquila,
que sabe que es un cabrón
y aun así viste sonrisas.
¡Aprisa!
Me urge quitar máscaras
me urge calaros hasta el fondo
y alejaros de las masas.
A veces pasa,
que te fías y acabas
con una puñalada en la espalda,
criando malvas
si piensas que el estado te salva.
¿Qué tal vas?
En paro y sin un puto duro no,
dime, buen anciano
¿pa cuanto te alcanza la pensión?
¿Votas a Ciudadanos siendo un peón?,
¡qué marrón!,
cuando te time el empresario,
que te ayude Rivera, mamón.
Y un mojón.
Al final la gente decide lo que quiere.
Cinco millones de votos al PP,
¿a quien crees que le conviene?
¿Al obrero que suda,
o al patrón al que mantiene?
Es lo que tiene
envidiar al ladrón,
querer lo que él obtiene.

¿E lo o Rato?
Non tiña cascabel pero si campana
para tomarnos por parvos,
o cabrón xa tiña mañas.
Primeiro milaghre económico,
colocárono en Bankia,
levou o país á ruina,
¡pero a tormenta xa lle escampa!
¡Indecencia perpetrada!
¡Detectada!
¡Copiada polo españolito de a pe!
¡Seica hai quen non respeta nada!
¡Nin a familia!
¡Minten e enganan!
Van de xente profesional...
¡si!¡ladróns de luvas brancas!
¡Oito mil para a saca!
¿De onde os sacas?
Roubaches a un dos meus,
non me volvas mirar para a cara,
ou déixota cruzada,
así que non o fagas.
Sendo da familia,
para min xa non sodes nada.
Que parrafada,
debería ter a boca pechada,
a lingua trabada
pero eu non calo nin baixo o auga.
As inxustizas
non mas saco da manga
so mira ó teu redor,
¿cantas casas vacías ten a banca?

Benvido a España
aka o país monopoly,
¿eres un paleto sen estudos?
entón métete a poli,
¡que te collen!,
Escollen a aquel que non quere pensar,
hai que obedecer á autoridade
sen preocuparse se é moral.
Non é normal.
A xente está deshumanizada,
parada, non da pancada
pra defenderse estando mancada.
E na bancada
os políticos durmen,
e os cidadáns agardan
a que curen o país
os que deron a estocada.

¡Estafadores!
¡Do constructor o diputado!
¡Son o cancro do país!
¡Poderías telo ó lado!
¡Estafadores!
¡Protexidos pola mafia!
¡Os absolven nos xulgados
como por arte de maxia!

viernes, 18 de diciembre de 2015

Desnudo

Desnudo. Vulnerable y desnudo
si andas cerca.
Bloqueo las puertas,
sueños a medias,
asesino de ilusiones,
si mis ojos se cierran.
Toma aire,
la mente despierta,
sumida en un mar de confusión,
pero aun así alerta.
No te lo tomes a mal,
disculpa si puede que muerda
mi silencio hermético,
soy Tamashi Ronin, recuerda.

Vigilo todo aquello que me rodea.
Observo a la gente,
como quien experimenta,
poco dado a mostrar
lo que pasa por mi cabeza,
he descubierto
lo poco que interesa.
A veces me pesa
el rollo este de la interacción social,
que me podéis ofrecer,
mi cabeza está mal,
I guess,
inestabilidad.
Propensión por la soledad,
sigo a mi bola y ya está,
si no se ni de qué hablar
para romper este silencio,
espeso.
Pienso, no demasiado
pero pienso,
prefiero sentir,
pero sentir me pone tenso.
Si no me pierdo,
entre mi propio ego,
si escucho vuestras críticas
y os doy mi corazón sincero,
no seríais ni los últimos
ni los primeros,
en echaros una pachanguita con él,
meter gol con un disparo certero.
Ni puedo ni quiero,
soportar el círculo mediático,
y mucho menos ser el centro,
me incomodan, inquisitivas,
las miradas.
Me vengo abajo,
ni yo soy un ogro
ni tu eres un hada,
pero mírame bien, guapa,
a mí no me vas a atrapar,
como quizá esperabas.

Independiente a las malas,
el odio rebosa,
cruzo tu mirada.
No es nada.
La presión me vuelve loco,
No es nada.
No quiero ver nada, saber nada,
dada la situación,
la ilusión es confiscada,
si cada
vez que me dejo sentir,
algo me daña.
Si cada vez
que me dejo ir,
me siento estúpido,
poco lúcido,
como abducido
por el líbido
de querer darte las buenas mañanas.
Si el ardor que tengo en las entrañas,
se debe quedar en mis entrañas,
reservado sin mañas.
Así soy yo,
la gente mira de forma extraña.

Repito palabras,
sentimientos, sensaciones.
Todo es oscuro de cojones.
Mi futuro, el tuyo,
sepultemos las pasiones,
que las pasiones nos vuelven locos,
nos comen el coco,
y hay una parte de mí,
que sí,
quiere ser feliz de esa forma,
pero la otra, por norma,
se ha de imponer,
los pies en el suelo, sensatez.
No me pidas esfuerzos esta vez.
¿Cómo lo ves?
Quizá sea demasiado duro,
aunque realmente lo dudo,
sudo, os juro que sudo,
no me hace falta pasar tiempo
con gente, estando mudo.
Me hundo,
si no bailo me hundo,
sin mi bokken me hundo,
sin algo que hacer me hundo,
sentado me hundo,
aburrido me hundo,
sin tocarte me hundo, lo juro.
Pero soy duro, apuro,
la última calada,
las malas pasadas,
me aferro al negro puro.
PasIones irrelevantes,
no tires mi muro,
que me quedo desnudo.
Vulnerable y desnudo.

sábado, 29 de agosto de 2015

Trust yourself to no one.

Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.Trustyourselftonoone.